Pocos países tienen más relevancia en el tablero de Oriente Próximo que la monarquía saudí y pocos son menos conocidos entre los que la envidian, la critican o la temen. Generalmente considerado el reino de la opulencia más desmedida y corrupta, las relaciones sociales más oscurantistas y medievales y la exportación del fanatismo religioso más violento, la apelación a estos tópicos, intemporales y ahistóricos, conforta y ahorra el esfuerzo de comprensión de una realidad mucho más compleja.