El mundo atraviesa una fase delicada y crucial para la nueva configuración de las relaciones internacionales. La coexistencia entre Occidente y el islam y la convivencia entre las tres religiones abrahánicas —judaísmo, cristianismo e islam— son cuestiones especialmente acuciantes en este contexto. En lugar del paradigma que propugna un inevitable «choque de civilizaciones», una responsabilidad ecuménica global exige llevar a la práctica, con decisión, un nuevo paradigma del entendimiento, la cooperación y la integración política, económica y cultural.