Los textos de las piramides ilustran de modo ejemplar el doble designio novelista. Sobre la base de un polígono regular, cuyas caras triangulares convergen en un vértice perpendicular al centro de aquella como en los monumentos faraónicos, El Guitani superpone los textos de su libro, paulatinamente reducidos hasta el vértice o vacío final de la nada. Arquitectura exterior, captada por el ojo del lector-contemplador, pero asimismo producto de un transcurso de depuración que alquitara el lenguaje y lo reduce a las palabras substanciales.