Shah, el infatigable divulgador del sufismo en occidente (los sufíes son la rama mística del Islam), siempre consideró que la sabia y absurda lógica de los cuentos de Nasrudín era uno de los métodos más ingeniosos que tenían los sufíes para romper la forma de pensar habitual, adentrándose así en un mundo despojado de prejuicios.